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La Falda

miércoles 7 de diciembre de 2022

La Falda, el origen de la historia del albañil Marcelo Urbano Lapania y su demanda de identidad

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Foto: José Hernández para La Voz.
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La historia de Marcelo Urbano Lapania, el albañil de Villa de Soto que inició una demanda contra su padre biológico, el importante empresario bodeguero Eduardo Lapania, ganó espacio en las últimas horas entre los titulares de medios nacionales e internacionales. Sin embargo, su larga lucha por el reconocimiento de su identidad tiene como origen a La Falda, ciudad de la que es oriundo el millonario empresario que hoy reside en Buenos Aires.

Todo se inició a principios de la década del ´60, cuando Marta Nieves Urbano tenía apenas 18 años y fue retirada de un colegio de monjas de la región centro de Punilla donde había sido alojada por su padre. Del internado fue llevada a trabajar como empleada doméstica a una casa del centro de La Falda, en la que además funcionaba una zapatería. Su trabajo era de tiempo completo, por lo que vivía con sus empleadores: la familia Lapania.

Allí residía Eduardo, que estudiaba por entonces en la Ciudad de Córdoba, pero pasaba sus veranos en la casa familiar de La Falda. Según consta en la causa judicial iniciada por el reclamo de filiación, una madrugada de Navidad, Marta se retiró a descansar, pero Eduardo irrumpió en su habitación y la sometió sexualmente. Producto de esa violación la joven mujer quedó embarazada de Marcelo.

“Era gente pudiente en ese entonces en La Falda, una familia oriunda de la ciudad y asentada. Tenían una empleada con cama adentro y un hijo estudiante universitario. Pero cuando mi madre queda embarazada fue expulsada a la calle. Sola y con 18 años. Esta historia me la contó ella misma, varias veces. Yo nací de una relación no consentida. Sé que luego ella volvió a La Falda a contarles la situación, pero le dijeron que si quería dejara al chico y se fuera”, contó Marcelo, en diálogo con La Estafeta.

Siendo apenas una adolescente y con grandes dificultades para mantener y criar a su hijo, Marta dejó a Marcelo al cuidado de su madre en Paso Viejo, departamento de Cruz del Eje, donde se crió hasta su adolescencia. Recién a los 21 años, en 1984, comenzó el largo camino de encontrar a su padre. El joven buscó en una guía el teléfono fijo de la familia Lapania en La Falda y logró comunicarse con su abuela paterna, quien luego de un frío cruce de palabras accedió a darle un número para contactarlo.

«Yo crecí con mi abuela en el medio del monte en el paraje Santa Ana, hacia adentro de Paso Viejo. Un lugar con gente muy humilde. Allí pasé mi niñez. Mi madre me llevó luego un par de años a Buenos Aires, pero no me acostumbré y volví a Paso Viejo, donde viví toda mi vida”, recuerda.

El primer y único contacto cara a cara con su padre biológico se produjo en un bar de Buenos Aires y no salió bien. Eduardo lo acusó de acercarse sólo por dinero y negó ser su padre. A partir de allí, e impulsado por su familia, Marcelo inició un reclamo por vía judicial que concluyó en noviembre pasado con dos cotejos de ADN que confirmaron su identidad en un 99,9 por ciento.

A pesar de ello, el empresario -que hoy ostenta el cargo de cónsul honorario de Bélgica en Mendoza y posee una bodega en Luján de Cuyo que exporta a varios países del mundo- continúa negando el vínculo. Ahora Marcelo le iniciará una demanda por unos 100 millones de pesos.

Marcelo hoy tiene 58 años, 6 hijos y 12 nietos. Desde hace años se dedica a la albañilería y también a la pintura de obra. Conserva aún familiares en La Falda por parte de su madre -fallecida hace más de una década-, y pasa por la ciudad todos los fines de semana.

“Tengo dos ADN positivos y una sentencia firmada por un juez de la Nación que dice que yo me tengo que llamar Marcelo Omar Urbano Lapania. Todo el mundo cree que esto se trata de dinero, pero se trata de muchas otras cosas: primero de la dignidad de mi madre y después de mi identidad; de la de mis hijos y mis nietos. Es más que el dinero”, cerró.

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