La escuela Mateo Molina cumplió 107 años: historia de un emblema de La Falda

La escuela Mateo Molina cumplió 107 años: historia de un emblema de La Falda

   Sin el tradicional acto escolar, que año a año recuerda su génesis, integrantes de la comunidad educativa de la escuela faldense Mateo J. Molina celebraron este martes el aniversario número 107 de la firma del decreto fundacional de la institución.

   Con un presupuesto de 220 pesos de la época y advirtiendo la necesidad de sumar espacios de enseñanza escolar en la provincia, el 20 de abril de 1914 el entonces gobernador de Córdoba, Ramón José Cárcano, firmó el decreto que ordenó la creación de la “escuela de 3era categoría en Clan y La Falda”.

   “Que la enseñanza en la Provincia reclama con urgencia nuevas escuelas cuya creación es de necesidad impostergable (…) Créase en el Departamento Punilla la escuela de 3era categoría en Clan y La Falda. Pesos 220”, rezaba entre sus considerandos y resoluciones el decreto provincial N°2805.

    Con pocos registros oficiales sobre sus primeros 14 años de funcionamiento, que historiadores locales reparten en el tiempo entre las propiedades de los vecinos Hugo Levian y Abel Capdevila, en 1928 se produjo su traslado definitivo.

   El lugar elegido fue la estratégica Avenida Edén que, aún sin numeración, unía al hotel con la estación de ferrocarril. Si bien los grises continúan respecto al año en que fue construida la primera estructura con fondos de la Provincia, una foto muestra a un grupo de cuarenta personas participando ese año de la colocación de su piedra fundacional en el terreno donado por la influyente familia Eichhorn.

    “En sus inicios, los primeros pobladores de La Falda tuvieron la necesidad de contar con una escuela. Sobre sus comienzos tengo registros de que funcionó en un inmueble prestado por el comerciante local Abel Capdevila, pero no sabemos cuánto tiempo funcionó allí. No hay escuelas en la zona que hayan empezado en su edificio, porque las necesidades se cubrían con lo que había y recién después se hacían los papeles”, señaló a La Estafeta Online su actual director, José Spada.

   Recién en 1934, a través de otro decreto provincial en el segundo período de Cárcano frente a la Gobernación, el espacio recibió su nombre definitivo. Fue Mateo José Molina, un médico porteño nacido en 1811 que, si bien poco tuvo que ver con la localidad, vivió tantas aventuras como la escuela.

     Recibido en 1835, ejerció la medicina Buenos Aires, Mercedes, Jujuy, Chile y Bolivia. En 1840 se incorporó al Ejercito Libertador del general Juan Lavalle y luego al del Gregorio Aráoz de Lamadrid.

   Además, integró la comisión administrativa y directiva del hospital San Roque de Córdoba y colaboró en la atención de pacientes durante la epidemia de cólera en esa ciudad durante 1867 y en la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires en 1871. En la última etapa de su vida –entre 1874 y 1878– fue diputado nacional por Córdoba y finalmente falleció en diciembre de ese año, a la edad de 60 años.

    Este nuevo cumpleaños, el segundo en pandemia, llegó con la presencialidad al 50 por ciento. Es por esto que los estudiantes de los grados superiores participaron en la confección de una línea histórica, que fue expuesta para los más pequeños/as en un hall del edificio.

   “Queríamos hacer participar a los alumnos porque creemos que la razón por la cual esta institución ha funcionado durante tantos años tiene que ver con el pulso histórico de La Falda. Muchos de los que han pasado han participado en la construcción de la ciudad y la zona, y eso es un orgullo”, cerró Spada.