La Cámara del Crimen de Cruz del Eje condenó a 14 años de prisión a Ángel Villada, exdueño del local de venta de instrumentos musicales “Anfer” de Avenida Edén, en La Falda, por el brutal asesinato de Federico Oliva, ocurrido en febrero de 2025.
El hombre de 38 años fue condenado este martes por “homicidio calificado por el uso de arma de fuego”. En sus últimas palabras ante el tribunal previo al fallo insistió en su inocencia. En esa línea, si bien los fundamentos de la condena recién se conocerán a fines de octubre, su defensa anticipó que apelará el fallo con un recurso de casación ante la Cámara y, en caso de ser rechazado, recurrirá al Tribunal Superior de Justicia con un recurso directo.
Villada había sido imputado inicialmente por encubrimiento agravado, aunque tras el hallazgo del cuerpo descuartizado de Oliva en un camino del norte de Punilla, la Fiscalía de Instrucción de Cosquín modificó la acusación a homicidio y ordenó su prisión preventiva en el Complejo Carcelario de Cruz del Eje.
Allí permaneció alojado hasta julio pasado, cuando por solicitud de su defensa se le otorgó la prisión domiciliaria por estar a cargo del cuidado de su hijo diagnosticado dentro del trastorno del espectro autista (TEA). En este punto, será el Juzgado de Ejecución el que disponga si el cumplimiento de la pena continuará bajo esa modalidad.
Villada era amigo de la víctima. Ambos oriundos de Cruz del Eje y se habían conocido en el secundario. Oliva, de 38 años, y que al momento de su crimen residía en Río Ceballos, había viajado a La Falda el 24 de febrero para encontrarse en el local de música de Avenida Edén 43 con Villada, quien debía entregarle una importante suma de dinero producto de negocios financieros en común.
Si bien Oliva fue captado bajando de su camioneta por la cámara de seguridad de un comercio de la cuadra y Villada aseguró que la entrega del efectivo se llevó a cabo (5 millones de pesos), no hay registros de su salida del local.
Según la versión de Villada, cuestionada por la querella por contradicciones e inconsistencias, tras la entrega del dinero Oliva le manifestó que regresaría a la ciudad de Córdoba para encontrarse con una mujer que había conocido a través de una aplicación de citas.
El plan era que Oliva dejaría su camioneta en La Falda y luego él se la llevaría a Córdoba. Sin embargo, relató que en el camino no pudo contactarse con su amigo, por lo que dejó la camioneta estacionada en la vía pública y volvió en taxi hasta la ciudad de Cosquín y luego en remis desde Cosquín a La Falda.
“Se recopiló mucha prueba: declaraciones testimoniales, informes, pericias que fueron cotejadas con la declaración de Villada. Fue tema de discusión en el debate de que se trataba de prueba indiciaria, pero lo cierto es que él fue la última persona que estuvo con Federico. Se acreditó que se reunieron porque le tenía que entregar dinero y fue Villada el que se encargó de contar su versión a familiares y amigos de Oliva, que fue la misma que dio en la Fiscalía y lo llevó a quedar imputado”, señaló a La Estafeta Antonella Pelanda, abogada de la familia de Oliva.
Y agregó: “Estamos convencidos de que este crimen no es accionar de una sola persona, pero Villada fue el único imputado. Tampoco se encontró una prueba o testigos que referencien la participación de otras personas. Esta causa se cierra, pero eventualmente, ante la aparición de nueva prueba, podría abrirse una nueva investigación”.
Finalmente, tras casi una semana de búsqueda, el 1 de marzo, la Policía halló partes del cuerpo de Oliva dentro de bolsas de residuos. Algunas de ellas desperdigadas a la vera de un camino de tierra en la zona de Escobas, en el límite entre los departamentos Punilla y Cruz del Eje, y otras en una bolsa colgada de un árbol.
La autopsia determinó que Oliva murió como consecuencia de dos heridas de arma de fuego calibre 22 en la cabeza. No se detectaron signos de violencia previa y su cuerpo fue descuartizado cuando ya se encontraba sin vida.
Si bien el local de instrumentos musicales de Avenida Edén fue epicentro de pericias durante varias jornadas, que incluyeron pruebas de luminol y simulaciones del retiro de un cuerpo por el sector trasero. Todas arrojaron resultados negativos.
En tanto, la investigación no pudo determinar la escena del crimen y el arma homicida nunca fue hallada. Tampoco apareció un reloj inteligente de la víctima ni su celular, mientras que hasta la fecha no se encontraron su torso y su dedo pulgar derecho.
“Si bien todavía no contamos con los fundamentos, presumimos que la condena está basada en los indicios que valoraron la fiscal y la querella, que desde nuestro punto de vista no son suficientes para arribar a la certeza de un homicidio. Podría haber quedado en un encubrimiento, pero de ahí a un homicidio nos parece un gran salto lógico”, señaló a este medio Facundo Rodríguez de la Torre, abogado de Villada.
Y completó: “Nos llama la atención que en la acusación se plantee que Villada limpió la escena del crimen con químicos y que luego de cortar el cuerpo hizo desaparecer algunas partes y el arma homicida, cuando luego se encontraron otros restos a la vista de cualquiera, incluso algunos en una bolsa colgados de un árbol, sabiendo que era obvio que lo iban a imputar porque fue el último que vio a Federico”.















