Punilla, entre las regiones con mejor calidad de vida del país

Punilla, entre las regiones con mejor calidad de vida del país

   El Valle Punilla es una de las regiones con mejor calidad de vida en la Argentina. Así lo determinaron científicos del Conicet luego de un trabajo continuado a lo largo de 20 años, durante el cual realizaron un mapa interactivo sobre el índice de calidad de vida (IVC) en provincias, ciudades y hasta barrios a partir de una “fórmula de bienestar” elaborada en base a factores económicos, sociales, culturales y ambientales.
   Sombreado con un tono verde oscuro, el corredor de Punilla figura en el mapa interactivo como una de las zonas del país con mejor calidad de vida desde una perspectiva geográfica: de hecho, cuanto mayor es el índice en determinado lugar, más verde se lo ve en el mapa, mientras que el rojo indica lo contrario. Ese color verde intenso ubica a la región en la cima (niveles uno y dos) de una escala numérica que va del cero al diez, respecto de cuán bien viven las personas según su lugar de residencia.
   Además, de manera general, el Valle de Punilla está incluida dentro de la región pampeana, que consiguió un promedio de 6,93 puntos sobre 10 y sólo fue superado por la Patagonia con un puntaje de 7,03. En la tercera ubicación quedó la región cuyana con 6,91 seguida por la región Metropolitana de Buenos Aires con el 6,77, el NOA con 6,33 y en último lugar, el NEA con 6,01.
   Para definir qué tan bien vive la gente que reside en un área determinada se tomaron dos grandes grupos de indicadores: los socioeconómicos y los ambientales. En relación a los primeros se tuvieron en cuenta datos vinculados con dimensiones como la educación, la salud o la vivienda. En cuanto a los denominados ambientales, por un lado, se atendieron los clásicos problemas que pueden tener impacto negativo sobre el bienestar de los residentes –como inundabilidad, sismicidad, asentamientos precarios o contaminación- y, por otro, lo que llamamos ‘recursos recreativos’ –que pueden ser ‘de base natural’, como las playas, relieves, balnearios o espacios verdes, o ‘socialmente construidos’, es decir, teatros, centros deportivos u otras actividades de esparcimiento- como algo que favorece una mejor calidad de vida.
   “La calidad de vida es un concepto relacionado con el bienestar de las personas. En ese sentido, depende de ciertas bases materiales, pero está lejos de reducirse a ellas. Si la calidad de vida se redujera meramente al consumo o a algunos indicadores socioeconómicos básicos, sería mucho más sencillo estimarla, pero sabemos que se trata de un fenómeno más complejo en el que también entran en juego variables de otro tipo, que tienen que ver con la escala de valores de la sociedad y las expectativas de progreso histórico”, explicó Guillermo Velázquez, investigador superior del CONICET en el Instituto de Geografía Historia y Ciencias Sociales (IGEHCS, CONICET-UNCPBA).

Ver mapa aquí: Mapa Interactivo ICV 

   Este equipo de investigadores, en un trabajo interdisciplinario en colaboración con el grupo que dirige Alejandro Zunino -investigador principal del CONICET en el Instituto Superior de Ingeniería de Software Tandil (ISISTAN, CONICET-UNCPBA)-, desarrolló este mapa interactivo que permite conocer el nivel de calidad de vida en los más de 52 mil radios censales -en cada una hay unos mil habitantes- en lo que se divide la Argentina. Actualmente, la ecuación que utilizan los investigadores para calcular el índice de calidad de vida (ICV) en diferentes puntos del país atribuye un 60 por ciento del peso a los diversos componentes socioeconómicos y un 40 por ciento a los ambientales.
   La calidad de vida desde una perspectiva geográfica se puede calcular para el presente, pero también se puede proyectar hacia atrás. Así fue que, bajo el objetivo de hacer un Atlas histórico y Geográfico de la República Argentina, los investigadores llegaron a armar el mapa de la calidad de vida de la Argentina en 1869, que fue cuando se realizó el primer censo nacional. Lo mismo para los siguientes en 1895, 1914, 1947, 1960, 1970, 1980, 1991 y 2001.
   “En este sentido, los datos que aporta el sistema estadístico nacional, principalmente a través de los censos, son fundamentales para nuestro trabajo, así como también las estadísticas vitales del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación. Pero para armar los mapas también nos valemos de relevamientos propios, muchos de ellos en terreno”, explicó Velázquez.